Por la vuelta...
Sííííí, después de tanto tiempo he vuelto a tener una compu para volver a escribir en momentos de inspiración. ¡Qué maravilla por Dios! Había olvidado la emoción que me daban las letras plasmando mi pensamiento o recuerdos.
Se me ocurren mil temas, han pasado tantas cosas en estos años que pasaron, una variedad de buenas y malas que no tienen desperdicio, la lógica es una cronología en la línea de tiempo, no es nada fácil recurrir a mi buena memoria que a estas alturas es una confusión de fechas y eventos que junto a las emociones que florecen con cada recuerdo hacen que el calendario sea una verdadera nebulosa.
Bien, que sea como salga, atemporal o mezcladito, lo importante será el contenido, porque todo pasó, todo fue real y todo es parte de esta vida mía que tuvo ya varias resurrecciones.
Parece hace un milenio pero no fue hace tanto, hoy día los años pasan a una velocidad alucinante, los recuerdos piden pista y se pelean entre los que algunos consideran buenos y los malos, los años me enseñaron que no hay buenos ni malos sólo hay experiencia, aprendizaje y recordarlos es parte de ese aprendizaje que nunca se acaba.
Llegaban las cartas documento del banco, las intimaciones de pago de la parte legal, el trabajo en el hotel en pleno invierno era apenas los fines de semana, mínimo para pagar con suerte los gastos fijos. Mi presión y los nervios me jugaban una mala pasada, había que tomar una decisión porque los intereses crecían, las consultas vía internet y telefónica con mi hermana de la vida y su consejo coincidía con la única solución que yo pensaba, vender el lote que tenía como regalo de cumpleaños, una propiedad frente al río, en un lugar privilegiado y único que habíamos adquirido hace tiempo en una oportunidad sin igual. Tuve que hacer un balance de mi realidad, después de la muerte de mi marido en el accidente, la combi rota y guardada sin miras a poder arreglarla, el poco trabajo, mis hijas en el colegio aún pequeñas, la decisión de vender fue el resultado más coherente y fue ponerse manos a la obra. Plantamos cartel pintado a mano en el lote y a los treinta y tres días se vendió. Para mí que soy creyente fue la señal que de ahí en más todo cambiaría. Lograr el éxito de la transacción pertenece al anecdotario que no vale la pena detallar.
Gran parte cambió, pude hacer arreglar la combi, su recuperación fue el mejor premio a la perseverancia y a la espera, Hice instalar el gas para la calefacción del hotel, mejorar el trabajo y nuestra propia calidad de vida. Se pudo cerrar el pasillo de las habitaciones para mantener el calor en los crudos inviernos de esta Patagonia que ganó mi corazón hace treinta años. Y lo fundamental, liquidar esa deuda bancaria que me quitaba el sueño y la paz. No alcanzó para más pero el inicio del cambio se habia iniciado y ya nada sería imposible.
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